miércoles 8 de junio de 2011

DE LOS ELEMENTOS DE LA CÁMARA

“Tal vez dependemos del rito porque estamos atrapados en el tiempo, somos criaturas temporales. Tal vez necesitamos de los pasos porque estamos atrapados en la lógica. Tal vez es la forma en que nuestro estado imperfecto puede ver lo divino, buscar lo divino.

Será aprender a escuchar a nuestro ser interior, aquel torturado por la época, castrado por la inercia. Él puede tener las llaves para salir, pero no le hemos permitido usarlas.”



Suenan unos golpes y retiro la venda que cubre mis ojos, me encuentro en una habitación pequeña, apenas iluminada por una vela, rodeado de elementos, aparentemente desconectados entre sí y que en la penumbra, son aún más dificiles de ver. - Estoy emocionado y a la expectativa- . Tomando la vela los observo uno por uno, y al ver el cuerpo inmóvil del rincón, recuerdo los motivos que me trajeron aquí. Renovando el voto, veo que la entrada en esta cámara simbólica que se realiza una sola vez, es la invocación de otra que debería ser visitada con mucha más frecuencia, la cámara verdadera, esa que tarde o temprano, todos conoceremos.


Si alguien me pregunta cómo me sentí al pasar por la cámara simbólica, no podré responder con palabras, tal vez sea por eso que el paso debe darse de esa manera, pues así como la palabra se graba en la memoria, el símbolo se graba en el corazón, y es allí, donde la verdadera lección tomará su lugar para servir de guía silenciosa en el proceso eterno que ese día comienza.


Un día cualquiera, notamos que nuestro tiempo sobre la tierra, eventualmente terminará, y que todo lo que atesoramos, se desvanecerá al igual que nuestros cuerpos y nuestro recuerdo; ante esta visión, dejan de ser tan valiosas todas esas cosas que cuidamos con tanto esmero. Hasta ese momento, vivimos para el día, para la hipoteca, para pagar las cuentas, o para la infructuosa búsqueda de reconocimiento. Pero en un instante todo cambia y nuestra vida se convierte en la necesidad de hallarle sentido.

De repente todo oscurece, y aterrados, al cerrar los ojos el significado de las cosas se desvanece y por unos pocos instantes dejamos de pensar en las cosas que atesoramos y que hacen que nuestra vida valga la pena. Cuando ya no escuchamos el ruido del mundo exterior, y en esta oscuridad nueva para nosotros, descubrimos que hay un mundo completo aún sin explorar que tal vez por miedo, jamás habíamos visitado.

A estas alturas ya hemos visto lo que hace la muerte, pero queremos entenderla y hallarle una razón de ser a nuestras vidas; de paso responder a esas preguntas que ya nos inquietaban siendo apenas unos niños.

En medio de esta sensación, entendemos que tenemos un alma y que estamos navegando en ella como un barco en la oscuridad, apenas ayudados por la pequeña lámpara que nos permite ver unos centímetros más alla. Nuestra mente no le ha permitido a esta alma tomar su lugar en nuestras vidas, y vemos que el vacío que sentimos, se puede llenar con algo que siempre tuvimos. Descubrimos entonces que nuestra alma y mente son hermanas gemelas y que trabajando juntas pueden lograr cualquier cosa, pero... ¿qué cosa deberán lograr?

Recordamos entonces al G:.A:.D:.U:., como siempre cuando andamos a tientas, y al decir “hágase tu voluntad” ponemos a su disposición ese par de ingredientes gemelos que acabamos de descubrir, pensando que de esa forma, serán usados de la manera más sabia. ¿cómo los usaremos?, ¿cómo lograremos que se haga esa voluntad más sabia y correcta a la que nos queremos entregar?
Después de pensarlo mucho, vemos que EL sí tiene una forma de hacer las cosas y así como la vida se vuelve muerte, igualmente la semilla, muriendo se vuelve espiga, y la espiga muriendo se vuelve pan. Descubrimos que la muerte es lo que cuida del ciclo de creación y destrucción que hace posible la vida y la evolución. Vemos este maravilloso ciclo de eterno movimiento queriendo ser parte de él y percibiendo que el tiempo no es un destructor sino un transformador. Solo entonces entendemos que los hombres no somos más que eventos temporales en el espiral infinito del tiempo.

Llega el momento de tomar decisiones y la nuestra es usar ese tiempo de la mejor forma posible para hacer nuestra vida parte de esa danza universal evolutiva y progresista, mientras aprendemos a volvernos obreros de nuestro propio destino. Sentimos en nuestro pecho algo nuevo y notamos que estando allí, a oscuras, vemos más que cuando teníamos los ojos abiertos, y que a medida que bajamos por las escaleras del alma, sentimos el calor del fondo, como la promesa del gran tesoro que con esfuerzo encontraremos algún día.

Al abrir los ojos, volvemos al mundo que dejamos atrás, pero ya no somos los mismos; las cosas que dejamos al partir siguen ahí, pero ahora tienen otro significado. Vemos que todas nuestras posesiones no son un fin, sino un medio, y empezamos nuestro aprendizaje para usarlas de manera sabia.

Ya con el miedo a la muerte convertido en la certeza del movimiento del tiempo y el nuevo valor que viene con la certeza de una razón de ser, salimos nuevamente al mundo para vivir de acuerdo a esa nueva visión adquirida y enfrentar el misterio de la vida, esperando no olvidar lo aprendido en esos breves minutos de oscuridad, que no son más que la antesala de la auténtica búsqueda de luz.

CMLL

martes 31 de mayo de 2011

La respuesta habita en el corazón mismo de la pregunta, son como una misma cosa. Para hacer que la respuesta salga, sembrad la pregunta como una semilla en terreno fértil y la respuesta saldrá por sí misma como una planta que busca la luz, absorbiendo la pregunta así como el árbol absorbe la semilla, y llenando todo con sus ramas extendidas como brazos apuntando al sol de la verdad de donde todo sale.

LABRANDO LA PIEDRA


Se dice que el símbolo tiene mil significados, que se hacen menos en la medida en que os acercáis al que les dio vida y que la alegoría para ser comprendida, debe vivirse profundamente. Igualmente los antiguos hermetistas dicen “Como es arriba es abajo” significando con esto que la escalera a la verdad está hecha de escalones iguales, y que al subir a uno, ya estáis listos para subir al siguiente.

Hace poco más de un mes, una serie de afortunados eventos me dieron la oportunidad de experimentar con mis propios sentidos la labor operativa en la que se apoya el símbolo como una forma viva de entender la misión especulativa en la que estoy empeñado. Debía limpiar el concreto sobrante de una superficie de ladrillo para poder poner el mesón de la cocina.

Los más antiguos MM:. MM:. conocían esta labor física mucho mejor que nosotros, y aplicaban ese conocimiento en su labor superior. Mi caso era diferente por lo que decidí utilizar lo que la alegoría me ha enseñado, y partiendo de este precepto especulativo me acerqué a la labor viva como una especie de camino en reversa.

El primer paso fue salir a buscar las herramientas. Sabía qué debía buscar y dónde; estaban en una caseta metálica, afuera de la casa; encontré el cincel y el martillo, pero no encontré la escuadra por ningún lado, así que con estas herramientas disponibles volví a la casa, para iniciar mi trabajo.

Tomé el cincel con la mano izquierda y el martillo con la derecha, tal como lo dice la tradición especulativa; y empecé a dar golpes firmes para eliminar las irregularidades de la superficie. Al principio fue fácil, hasta el punto que pensé que si en el trabajo superior era igual, sería una piedra fácil de pulir.

Pero después de algunos golpes mi mano izquierda comienza a doler, al parecer no la uso tanto como debería, ya que que la derecha, a pesar de tener una herramienta más pesada, aún no siente nada. Esto me hace esperar el momento en que la inteligencia se agobie al no poder igualar en vitalidad a la voluntad después de los primeros golpes y prever que el trabajo no es de fuerza, sino de constancia.

No mucho más tarde, siento dolor en mi mano derecha y en ambas ya se notan las ampollas, pero no quiero parar. Debo seguir con mi experimento, y terminar la superficie que se ha vuelto una necesidad. La voluntad también se siente cansada, pero no puede esta ser una excusa para detener el trabajo, entonces trato de vencer el dolor relajando mi mano izquierda mientras miro cómo va quedando el muro, creo que bien, a simple vista es difícil ver si se está haciendo el trabajo correcto. Realmente hace falta una escuadra y un nivel puesto que no siempre lo que creemos recto lo es en realidad.

El dolor de la mano izquierda comienza a desaparecer y el trabajo a hacerse divertido. Ahora me puedo fijar más en lo que estoy haciendo y veo que el ángulo en que sostengo el cincel cambia la forma de quitar los sobrantes de concreto. Cuando aplico el cincel directamente desaparecen las impurezas en forma fácil y cuando lo inclino mucho el trabajo se hace casi inútil. Debo enfocarme más en lo que deseo remover.

Ahora hay muchos escombros sobre el muro, y el trabajo no parece ser útil; paso una brocha sobre el muro para ver en qué estado se encuentra el proceso y reviso qué trabajo está pendiente entre la arena provocada por los golpes. No es solo despegar los sobrantes de la superficie, también debo limpiarlos definitivamente para que no estorben ni desvíen el cincel.

Luego de unos minutos el trabajo se hace muy sencillo, ya no siento dolor y el peso de las herramientas ya no es una molestia, golpeo fuerte y con precisión y los sobrantes de concreto saltan por todos lados. Espero llegar algún día a este feliz punto durante el pulimento interior.

En medio de la emoción me distraigo, sin quererlo golpeo una esquina del muro que estoy perfilando y un fragmento del ladrillo cae del muro. Este daño, aunque pequeño, me demuestra que la atención en el uso de los implementos es fundamental. Noto que no tengo una herramienta que me permita reparar el daño y si la tuviera, no sabría cómo usarla. Cuando sepa como, volveré al muro y lo pondré como es debido.

A medida que pasa el tiempo son más pequeños los sobrantes de la superficie, e igualmente son más difíciles de retirar. Ahora toma más tiempo poner el cincel en el lugar exacto y una fuerza mejor calculada el eliminarlos con el martillo. Los peores vicios requieren de trabajo de alta precisión.

Pasadas algunas horas, veo que el trabajo está casi terminado. Me alegra haber aprendido a tomar el cincel y siento que ni mil folios escritos me hubiesen enseñado lo que aprendí con estas gastadas herramientas en unas horas y sin palabras.

Al final, mientras reviso con satisfacción el trabajo realizado, intuyo el camino que me espera para lograr el pulimento superior, me doy cuenta que tengo mucho por aprender y al ver mi pantalón lleno de escombros, entiendo cuanta falta hace tener a mano un mandil.

CMLL