martes 31 de mayo de 2011

La respuesta habita en el corazón mismo de la pregunta, son como una misma cosa. Para hacer que la respuesta salga, sembrad la pregunta como una semilla en terreno fértil y la respuesta saldrá por sí misma como una planta que busca la luz, absorbiendo la pregunta así como el árbol absorbe la semilla, y llenando todo con sus ramas extendidas como brazos apuntando al sol de la verdad de donde todo sale.

LABRANDO LA PIEDRA


Se dice que el símbolo tiene mil significados, que se hacen menos en la medida en que os acercáis al que les dio vida y que la alegoría para ser comprendida, debe vivirse profundamente. Igualmente los antiguos hermetistas dicen “Como es arriba es abajo” significando con esto que la escalera a la verdad está hecha de escalones iguales, y que al subir a uno, ya estáis listos para subir al siguiente.

Hace poco más de un mes, una serie de afortunados eventos me dieron la oportunidad de experimentar con mis propios sentidos la labor operativa en la que se apoya el símbolo como una forma viva de entender la misión especulativa en la que estoy empeñado. Debía limpiar el concreto sobrante de una superficie de ladrillo para poder poner el mesón de la cocina.

Los más antiguos MM:. MM:. conocían esta labor física mucho mejor que nosotros, y aplicaban ese conocimiento en su labor superior. Mi caso era diferente por lo que decidí utilizar lo que la alegoría me ha enseñado, y partiendo de este precepto especulativo me acerqué a la labor viva como una especie de camino en reversa.

El primer paso fue salir a buscar las herramientas. Sabía qué debía buscar y dónde; estaban en una caseta metálica, afuera de la casa; encontré el cincel y el martillo, pero no encontré la escuadra por ningún lado, así que con estas herramientas disponibles volví a la casa, para iniciar mi trabajo.

Tomé el cincel con la mano izquierda y el martillo con la derecha, tal como lo dice la tradición especulativa; y empecé a dar golpes firmes para eliminar las irregularidades de la superficie. Al principio fue fácil, hasta el punto que pensé que si en el trabajo superior era igual, sería una piedra fácil de pulir.

Pero después de algunos golpes mi mano izquierda comienza a doler, al parecer no la uso tanto como debería, ya que que la derecha, a pesar de tener una herramienta más pesada, aún no siente nada. Esto me hace esperar el momento en que la inteligencia se agobie al no poder igualar en vitalidad a la voluntad después de los primeros golpes y prever que el trabajo no es de fuerza, sino de constancia.

No mucho más tarde, siento dolor en mi mano derecha y en ambas ya se notan las ampollas, pero no quiero parar. Debo seguir con mi experimento, y terminar la superficie que se ha vuelto una necesidad. La voluntad también se siente cansada, pero no puede esta ser una excusa para detener el trabajo, entonces trato de vencer el dolor relajando mi mano izquierda mientras miro cómo va quedando el muro, creo que bien, a simple vista es difícil ver si se está haciendo el trabajo correcto. Realmente hace falta una escuadra y un nivel puesto que no siempre lo que creemos recto lo es en realidad.

El dolor de la mano izquierda comienza a desaparecer y el trabajo a hacerse divertido. Ahora me puedo fijar más en lo que estoy haciendo y veo que el ángulo en que sostengo el cincel cambia la forma de quitar los sobrantes de concreto. Cuando aplico el cincel directamente desaparecen las impurezas en forma fácil y cuando lo inclino mucho el trabajo se hace casi inútil. Debo enfocarme más en lo que deseo remover.

Ahora hay muchos escombros sobre el muro, y el trabajo no parece ser útil; paso una brocha sobre el muro para ver en qué estado se encuentra el proceso y reviso qué trabajo está pendiente entre la arena provocada por los golpes. No es solo despegar los sobrantes de la superficie, también debo limpiarlos definitivamente para que no estorben ni desvíen el cincel.

Luego de unos minutos el trabajo se hace muy sencillo, ya no siento dolor y el peso de las herramientas ya no es una molestia, golpeo fuerte y con precisión y los sobrantes de concreto saltan por todos lados. Espero llegar algún día a este feliz punto durante el pulimento interior.

En medio de la emoción me distraigo, sin quererlo golpeo una esquina del muro que estoy perfilando y un fragmento del ladrillo cae del muro. Este daño, aunque pequeño, me demuestra que la atención en el uso de los implementos es fundamental. Noto que no tengo una herramienta que me permita reparar el daño y si la tuviera, no sabría cómo usarla. Cuando sepa como, volveré al muro y lo pondré como es debido.

A medida que pasa el tiempo son más pequeños los sobrantes de la superficie, e igualmente son más difíciles de retirar. Ahora toma más tiempo poner el cincel en el lugar exacto y una fuerza mejor calculada el eliminarlos con el martillo. Los peores vicios requieren de trabajo de alta precisión.

Pasadas algunas horas, veo que el trabajo está casi terminado. Me alegra haber aprendido a tomar el cincel y siento que ni mil folios escritos me hubiesen enseñado lo que aprendí con estas gastadas herramientas en unas horas y sin palabras.

Al final, mientras reviso con satisfacción el trabajo realizado, intuyo el camino que me espera para lograr el pulimento superior, me doy cuenta que tengo mucho por aprender y al ver mi pantalón lleno de escombros, entiendo cuanta falta hace tener a mano un mandil.

CMLL

1 comentarios:

  1. Como saber si Dios me ama, me han pasado muchas desgracias, necesito su ayuda :(

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