“Tal vez dependemos del rito porque estamos atrapados en el tiempo, somos criaturas temporales. Tal vez necesitamos de los pasos porque estamos atrapados en la lógica. Tal vez es la forma en que nuestro estado imperfecto puede ver lo divino, buscar lo divino.
Será aprender a escuchar a nuestro ser interior, aquel torturado por la época, castrado por la inercia. Él puede tener las llaves para salir, pero no le hemos permitido usarlas.”
Suenan unos golpes y retiro la venda que cubre mis ojos, me encuentro en una habitación pequeña, apenas iluminada por una vela, rodeado de elementos, aparentemente desconectados entre sí y que en la penumbra, son aún más dificiles de ver. - Estoy emocionado y a la expectativa- . Tomando la vela los observo uno por uno, y al ver el cuerpo inmóvil del rincón, recuerdo los motivos que me trajeron aquí. Renovando el voto, veo que la entrada en esta cámara simbólica que se realiza una sola vez, es la invocación de otra que debería ser visitada con mucha más frecuencia, la cámara verdadera, esa que tarde o temprano, todos conoceremos.
Si alguien me pregunta cómo me sentí al pasar por la cámara simbólica, no podré responder con palabras, tal vez sea por eso que el paso debe darse de esa manera, pues así como la palabra se graba en la memoria, el símbolo se graba en el corazón, y es allí, donde la verdadera lección tomará su lugar para servir de guía silenciosa en el proceso eterno que ese día comienza.
Un día cualquiera, notamos que nuestro tiempo sobre la tierra, eventualmente terminará, y que todo lo que atesoramos, se desvanecerá al igual que nuestros cuerpos y nuestro recuerdo; ante esta visión, dejan de ser tan valiosas todas esas cosas que cuidamos con tanto esmero. Hasta ese momento, vivimos para el día, para la hipoteca, para pagar las cuentas, o para la infructuosa búsqueda de reconocimiento. Pero en un instante todo cambia y nuestra vida se convierte en la necesidad de hallarle sentido.
De repente todo oscurece, y aterrados, al cerrar los ojos el significado de las cosas se desvanece y por unos pocos instantes dejamos de pensar en las cosas que atesoramos y que hacen que nuestra vida valga la pena. Cuando ya no escuchamos el ruido del mundo exterior, y en esta oscuridad nueva para nosotros, descubrimos que hay un mundo completo aún sin explorar que tal vez por miedo, jamás habíamos visitado.
A estas alturas ya hemos visto lo que hace la muerte, pero queremos entenderla y hallarle una razón de ser a nuestras vidas; de paso responder a esas preguntas que ya nos inquietaban siendo apenas unos niños.
En medio de esta sensación, entendemos que tenemos un alma y que estamos navegando en ella como un barco en la oscuridad, apenas ayudados por la pequeña lámpara que nos permite ver unos centímetros más alla. Nuestra mente no le ha permitido a esta alma tomar su lugar en nuestras vidas, y vemos que el vacío que sentimos, se puede llenar con algo que siempre tuvimos. Descubrimos entonces que nuestra alma y mente son hermanas gemelas y que trabajando juntas pueden lograr cualquier cosa, pero... ¿qué cosa deberán lograr?
Recordamos entonces al G:.A:.D:.U:., como siempre cuando andamos a tientas, y al decir “hágase tu voluntad” ponemos a su disposición ese par de ingredientes gemelos que acabamos de descubrir, pensando que de esa forma, serán usados de la manera más sabia. ¿cómo los usaremos?, ¿cómo lograremos que se haga esa voluntad más sabia y correcta a la que nos queremos entregar?
Después de pensarlo mucho, vemos que EL sí tiene una forma de hacer las cosas y así como la vida se vuelve muerte, igualmente la semilla, muriendo se vuelve espiga, y la espiga muriendo se vuelve pan. Descubrimos que la muerte es lo que cuida del ciclo de creación y destrucción que hace posible la vida y la evolución. Vemos este maravilloso ciclo de eterno movimiento queriendo ser parte de él y percibiendo que el tiempo no es un destructor sino un transformador. Solo entonces entendemos que los hombres no somos más que eventos temporales en el espiral infinito del tiempo.
Llega el momento de tomar decisiones y la nuestra es usar ese tiempo de la mejor forma posible para hacer nuestra vida parte de esa danza universal evolutiva y progresista, mientras aprendemos a volvernos obreros de nuestro propio destino. Sentimos en nuestro pecho algo nuevo y notamos que estando allí, a oscuras, vemos más que cuando teníamos los ojos abiertos, y que a medida que bajamos por las escaleras del alma, sentimos el calor del fondo, como la promesa del gran tesoro que con esfuerzo encontraremos algún día.
Al abrir los ojos, volvemos al mundo que dejamos atrás, pero ya no somos los mismos; las cosas que dejamos al partir siguen ahí, pero ahora tienen otro significado. Vemos que todas nuestras posesiones no son un fin, sino un medio, y empezamos nuestro aprendizaje para usarlas de manera sabia.
Ya con el miedo a la muerte convertido en la certeza del movimiento del tiempo y el nuevo valor que viene con la certeza de una razón de ser, salimos nuevamente al mundo para vivir de acuerdo a esa nueva visión adquirida y enfrentar el misterio de la vida, esperando no olvidar lo aprendido en esos breves minutos de oscuridad, que no son más que la antesala de la auténtica búsqueda de luz.
CMLL
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